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"No deberíamos comparar con placebo, en ensayos clínicos oncológicos al carecer de ética y moral. El acceso a un tratamiento debe ser prioritario a cualquier interés económico e incluso de rigurosidad científica. Metformina y sus derivados fuera de patente, son asequibles y deberían ser los comparativos en ausencia de alternativa terapéutica"

Agradezco a mi familia, a mis padres, hermanas, amigos y colaboradores sus ánimos y apoyo.

Agradecimientos a:

-Equipo científico oncológico multidisciplinar. Facultad de Ciencias Químicas. Universidad Complutense de Madrid por su inestimable ayuda y apoyo contínuo.

-Asociación Pablo Ugarte (APU)
-Sociedad Española de Oncología Médica (SEOM)

21 octubre 2010

CÁNCER DE TESTÍCULO

AUTOR: Dr. José Luis Pérez Gracia
Actualizaciones: Luis Llorente 

Los testículos son dos órganos con forma ovoidea cuya función es producir los espermatozoides. Se encuentran en el escroto, una bolsa de piel que los protege. Cada testículo está suspendido de un cordón espermático, el cual contiene los vasos sanguíneos y los nervios del propio testículo y el conducto deferente, un pequeño tubo por el cual salen los espermatozoides. 
El cáncer de testículo es un tumor relativamente poco frecuente. En Europa se diagnostican aproximadamente 240.00 casos nuevos al año, lo que corresponde al 1% del total de los tumores diagnosticados en varones.
Sin embargo es el tumor más frecuente entre los hombres menores de 45 años. La edad más frecuente de diagnóstico es entre la segunda y la tercera década de la vida y más del 90% de los casos se diagnostican en menores de 45 años.
En la mayoría de los países industrializados el número de casos diagnosticados ha aumentado durante los últimos años, aunque la mortalidad ha descendido.
Este tumor se puede curar en un alto porcentaje de casos, incluso en aquellos pacientes en los que la enfermedad está muy avanzada. Esto es posible fundamentalmente gracias a los esquemas de quimioterapia con cisplatino desarrollados durante los años 70.

CAUSAS Y FACTORES DE RIESGO
Las causas del cáncer de testículo son desconocidas, al igual que las de otros muchos tumores.
El principal factor de riesgo es la falta de descenso del testículo en el momento del nacimiento (criptorquidia).
Durante el desarrollo del embrión, los testículos descienden desde el abdomen hasta su lugar definitivo en el escroto. En algunos casos, este descenso no se produce u ocurre con retraso, después del nacimiento. Los varones con criptorquidia tienen un riesgo aumentado de presentar cáncer tanto en el testículo no descendido como en el otro.
Otros factores que se han asociado a un posible aumento del riesgo de cáncer de testículo, aunque de manera menos clara, son el tabaquismo (hay una clara disminución de  la fertilidad en fumadores y se sospecha que podría favorecer el cáncer de testículos), concentraciones altas de hormonas maternas durante el embarazo y el parto prematuro.
Los traumatismos o golpes en el testículo se han asociado con un aumento en el riesgo de desarrollar cáncer, aunque esto no está claro y es posible que simplemente faciliten el diagnóstico al explorar el testículo debido al golpe recibido.
La presencia de antecedentes familiares de cáncer de testículo también aumenta el riesgo de desarrollar la enfermedad, aunque la gran mayoría de los familiares de pacientes con cáncer de testículo no presentan tumores testiculares.

PREVENCIÓN Y TÉCNICAS DE DIAGNÓSTICO PRECOZ
No existe ninguna forma de prevenir el cáncer de testículo, porque no se conoce ningún factor de riesgo claramente demostrado a evitar. Además la frecuencia de la enfermedad es baja, incluso en las personas que presentan factores de riesgo ya comentados. 
No se recomienda la realización de exploraciones o pruebas rutinarias para diagnosticarlo de forma precoz, dado que es un tumor poco frecuente y que se suele curar.

CLASES DE TUMORES
Los tipos histológicos son las distintas clases de tumores que existen en un órgano según las células del tumor.
En el caso de los tumores de testículo existen dos tipos histológicos principales que es importante distinguir, dado que existen algunas diferencias en el tratamiento, especialmente en los tumores en fases iniciales.
No seminoma: los tumores no seminomatosos son el 60% de los cánceres de testículo y suelen aparecer durante la tercera década de la vida.
Seminoma: son el 40% de los tumores testiculares y son más frecuentes durante la cuarta década de la vida. Para que un tumor de testículo se considere seminoma, no debe estar mezclado con otros tipos de tumor (en ese caso se consideraría un tumor no seminomatoso). Los seminomas son más sensibles a la radioterapia que otros tumores de testículo.

SINTOMAS      
 La gran mayoría de los tumores de testículo se diagnostican al aparecer un bulto en el testículo, que con frecuencia no duele.
En los casos en los que existe dolor, suele aparecer progresivamente, aunque puede hacerlo de forma repentina si el tumor se complica con una infección (orquiepididimitis) o si sangra.
Otros síntomas son menos frecuentes. Puede aparecer crecimiento de las mamas en varones (ginecomastia) por el aumento de la Beta-Gonadotropina Coriónica (β-HCG), una hormona que se produce durante el embarazo y que solo aumenta en varones en algunos casos de tumores de testículo.
En algunos pacientes puede existir dolor de espalda o de abdomen, causado porque los estímulos dolorosos del testículo se dirigen hacia ese lugar o bien porque existan metástasis en ganglios linfáticos en la zona situada detrás del abdomen (retroperitoneo).
Por último, en los casos en los que existen metástasis en otros órganos (por ejemplo en el pulmón, cerebro, hueso, etc.), éstas pueden producir síntomas muy variados, dependiendo de su localización.

ESTUDIOS DIAGNÓSTICOS
Para diagnosticar un cáncer de testículo, se realizan las siguientes pruebas, además de preguntar por los síntomas y explorar al paciente.
Analítica general, incluyendo alfa-fetoproteína y β-hCG. Estas sustancias son marcadores tumorales, proteínas producidas por las células del tumor.
Son muy útiles para el diagnóstico y el seguimiento de la enfermedad, debiendo disminuir en los casos en que el tratamiento es efectivo. La β-HCG puede estar elevada en cualquier tipo de tumor de testículo, mientras que la α-fetoproteína solo aumenta en los tumores no seminomatosos.
La LDH (lactatodeshidrogenasa), otra proteína presente en la sangre, también se eleva en algunos pacientes con tumores de testículo y también debe vigilarse su evolución durante el tratamiento. Los marcadores tumorales no aumentan en todos los pacientes con cáncer de testículo.
Ecografía del testículo: para observar las características del tumor y comprobar si afecta al otro testículo.
Radiografía o tomografía axial computerizada (TAC) del tórax.
TAC del abdomen y de la pelvis

Además pueden realizarse en algunos casos:
TAC o resonancia nuclear magnética (RNM) cerebral: si se sospecha la existencia de metástasis cerebrales
Gammagrafía ósea: si pueden existir metástasis óseas.
Tomografía por Emisión de Positrones (PET): se utiliza en ocasiones para valorar los restos de tumor que pueden persistir tras el tratamiento (ver tratamiento).

ESTADIOS
El estadio de un tumor, es la clasificación que se hace para determinar como está de avanzado.
En el caso del cáncer de testículo la clasificación más empleada es el sistema TNM, que valora la extensión del propio tumor (T, tumor primario), de los ganglios linfáticos (N, del inglés nodes o ganglios), la presencia de metástasis (M) y el grado de elevación de los marcadores tumorales en la sangre (S, del inglés serum o suero).
De forma sencilla, la clasificación presenta los siguientes estadios:

Estadio I: el tumor sólo afecta al testículo.
Estadio II: el tumor se extiende a ganglios linfáticos, normalmente localizados en el retroperitoneo (la zona que se encuentra detrás del abdomen). No existen metástasis.
Estadio III: el tumor presenta metástasis o elevación muy importante de los marcadores tumorales

Son las características del tumor y del paciente lo que permiten un pronóstico y estimar su evolución .
En el cáncer de testículo, existen 3 factores pronósticos de gran importancia. Se establece el pronóstico en 3 categorías, para los tumores no seminomatosos (pronóstico favorable, intermedio o desfavorable) y en 2 para los seminomas (pronóstico favorable o intermedio; no existen pacientes con pronóstico desfavorable). Los factores pronósticos son:
1. Que el tumor se origine en el propio testículo (signo de buen pronóstico) o fuera de él.
Un pequeño porcentaje de estos tumores pueden presentarse en zonas del cuerpo distintas del testículo, sin que se encuentre tumor en el propio testículo, bien porque el tumor inicial ha desaparecido o porque se originó fuera del testículo.
Esto último puede suceder porque durante el desarrollo del embrión el testículo se forma dentro del abdomen y posteriormente emigra hasta su posición en el escroto.
En este trayecto pueden quedar restos de células del testículo que muy raramente pueden dar lugar a tumores.
2. La ausencia de metástasis (signo de buen pronóstico) con excepción de las metástasis de pulmón, que por sí solas no indican mal pronóstico.
3. El grado de elevación de los marcadores tumorales.
En general, cuanto más elevados, el pronóstico es peor, de acuerdo a los límites señalados en la tabla 6.
A continuación se presenta de forma completa el sistema de clasificación pronóstico del cáncer de testículo según sus factores pronósticos:

Tumores no seminomatosos:
Pronóstico favorable: localizado en testículo o retroperitoneo. Sin Metástasis (salvo pulmonares) con marcadores tumorales AFP <1,000 ng/mL; β-hCG <5,000 mUI/L; y LDH <1,5 x LSN.
Frecuencia: 56% de los no seminomas.
Pronóstico: Pacientes curados a los 5 años:  89%. Pacientes vivos, pero no curados a los 5 años: 92%
Pronóstico intermedio: localizado en testículo o retroperitoneo. Sin Metástasis (salvo pulmonares) con marcadores tumorales AFP ≥1000 - =10000 ng/mL; o β-hCG ≥5000 mUI/L- =50000 mIU/L; o LDH ≥1,5 x LSN y =10 x LSN.
Frecuencia: 28% de los no seminomas.
Pronóstico: Pacientes curados a los 5 años:  75%. Pacientes vivos, pero no curados a los 5 años: 80%.
Pronóstico desfavorable: localizado mediastino. Con Metástasis y marcadores tumorales AFP >10000 ng/mL; o β-hCG >50000 mIU/L; o LDH >10 x LSN.
Frecuencia: 16% de los no seminomas.
Pronóstico: Pacientes curados a los 5 años:  41%. Pacientes vivos, pero no curados a los 5 años: 48%.

Para el seminoma
Pronóstico Favorable : cualquier localización. Sin Metástasis (salvo pulmonares) con cualquier marcadores tumorales.
Frecuencia: 90% de los seminomas.
Pronóstico: Pacientes curados a los 5 años:  82%. Pacientes vivos, pero no curados a los 5 años: 86%
Pronóstico intermedio cualquier localización. Con Metástasis (salvo pulmonares) con cualquier marcadores tumorales.
Frecuencia: 28% de los seminomas.
Pronóstico: Pacientes curados a los 5 años:  67%. Pacientes vivos, pero no curados a los 5 años: 72%.

Se incluye la frecuencia de cada grupo, la proporción de pacientes que viven a los 5 años (supervivencia global) y la proporción de pacientes que a los 5 años viven y además no presentan enfermedad (supervivencia libre de progresión).

TRATAMIENTO
Aspectos generales:
El tratamiento de los tumores de testículo requiere en primer lugar quitar el testículo mediante una intervención quirúrgica llamada orquiectomía. 
Éste es uno de los pocos tumores en los que, incluso si la enfermedad se ha extendido a otros órganos se debe quitar el tumor original.
Las razones son que los tratamientos de quimioterapia llegan mal al testículo y que el examen del testículo es muy importante para determinar el tipo de tumor y su tratamiento.
La cirugía para quitar el testículo siempre debe realizarse a través de la ingle (vía inguinal) y no a través de la piel del escroto (vía transescrotal), porque esta última aumenta las posibilidades de contaminación del tejido sano por células del tumor.

Una vez extirpado el testículo, el tratamiento se decide en función:
Del tipo de tumor (no seminoma o seminoma): el tratamiento de los seminomas y de los tumores no seminomatosos en estadios I y II es distinto, pero en los estadios III es relativamente similar 

De su extensión (estadio I, II o III); y 

De su categoría pronóstica (favorable, intermedia, o desfavorable).

Estadio I:
Los pacientes con tumores de testículo en estadio I se curan con el tratamiento adecuado en casi todos los casos. Como se ha comentado previamente, estos tumores solo afectan al testículo, por lo que en teoría su extirpación debería ser curativa por sí misma.
El problema es que en un pequeño porcentaje de los pacientes la enfermedad puede volver a aparecer. Para evitarlo, en algunos casos se pueden administrar tratamiento complementario (tratamiento adyuvante) que disminuye de forma muy importante el riesgo de que la enfermedad reaparezca.
Hay que intentar tratar solo a los pacientes que verdaderamente presentan un riesgo de reaparición de la enfermedad, para evitar tratamientos innecesarios.

Seminoma:
El 80% de los pacientes quedan curados tras la orquiectomía, pero en un 20% de los casos, la enfermedad puede volver a aparecer. Por lo tanto, en los pacientes con seminoma estadio I, las alternativas son:
Administrar quimioterapia con 1 ó 2 ciclos de un fármaco llamado carboplatino. Este tratamiento es muy bien tolerado y produce la curación en casi todos los casos.

No administrar ningún tratamiento y realizar observación cuidadosa del paciente (ver sección de seguimiento).

Tratamiento con radioterapia.

Hoy en día, en nuestro medio, el tratamiento más empleado es la quimioterapia o la realización de observación.
Dado que hasta el 80% de los pacientes no necesitan quimioterapia, porque están curados con la cirugía, se han identificado factores de riesgo para ayudar a decidir que pacientes deben recibir quimioterapia y cuales deben ser vigilados.
Aunque esta estrategia se emplea de forma habitual en muchos centros con muy buenos resultados, su uso no es universal. Los criterios de riesgo para que la enfermedad reaparezca son que el tumor mida más de 4 cm. o que invada la rete testis o red testicular (una pequeña red de conductos por los que el semen sale del testículo), así que los pacientes que presentan estas características son los que deberían recibir tratamiento.
En caso de que la enfermedad reaparezca, tanto si se ha administrado tratamiento complementario como si no, el tratamiento debe realizarse como si se tratara de un tumor avanzado (ver sección de tratamiento de estadios II y III).
En estos casos, el pronóstico suele también ser bueno, pero el tratamiento es más intenso.

No seminoma:
En los tumores no seminomatosos el 70% de los pacientes se curan solamente con cirugía, pero en el 30% restante el tumor puede volver a aparecer si no se hace nada más.
Los pacientes cuyo tumor invade los vasos sanguíneos o los vasos linfáticos del testículo tienen más riesgo de que la enfermedad reaparezca y por lo tanto deben recibir dos ciclos de quimioterapia con unos fármacos llamados bleomicina, etopósido y cisplatino (BEP).
Esta quimioterapia es más intensa que la anterior y menos cómoda de administrar, pero cura a la gran mayoría de los pacientes. Los pacientes cuyo tumor no invade los vasos sanguíneos o linfáticos, tienen poco riesgo de que la enfermedad reaparezca y por lo tanto no deben recibir tratamiento, solo realizar un seguimiento cuidadoso (ver sección de seguimiento)
También en los tumores no seminomatosos, en caso de que la enfermedad reaparezca, tanto si se ha administrado quimioterapia complementaria como si no, el tratamiento se realiza como si se tratara de un tumor avanzado (ver sección de tratamiento de estadios II y III).

Estadio II:
Los pacientes con estadio II tienen enfermedad en los ganglios del retroperitoneo (ver sección de Estadios). La mayoría de estos pacientes también se curan con un tratamiento adecuado.

Seminoma: el tratamiento habitual de estos pacientes ha sido radioterapia. No obstante, cada vez con más frecuencia en nuestro medio se está empleando quimioterapia con 3 ciclos de BEP o cuatro ciclos de cisplatino y etopósido (EP), que consiguen un resultado equivalente.
En algunos pacientes, después de estos tratamientos quedan restos de los ganglios linfáticos del retroperitoneo que no desaparecen por completo.
Como en la mayoría de las ocasiones estos restos no contienen tumor, lo habitual es vigilarlas y no intervenir, salvo en los casos en los que la lesión crezca. En casos de duda, se puede realizar un PET (aunque su resultado no siempre es preciso) u obtener una biopsia de la lesión para ayudar a tomar la decisión más adecuada.

No seminoma: en estos pacientes, el tratamiento más habitual es administrar quimioterapia con 3 ciclos de BEP.
También en estos pacientes pueden quedar restos de los ganglios linfáticos del retroperitoneo que no desaparecen por completo. Sin embargo, al contrario que en los pacientes con seminoma, en estos casos es más frecuente que los restos contengan tumor, por lo que lo habitual es quitarlos mediante una operación, salvo que sean muy pequeños.
También aquí el PET puede ayudar a tomar decisiones, pero su precisión no es absoluta.

Estadio III:
En estos pacientes el tratamiento se realiza de forma similar tanto en tumores no seminomatosos como en seminomas. Estos pacientes se deben clasificar de acuerdo a los criterios de riesgo que presenten (ver factores pronósticos) y tratar según el grupo de riesgo al que pertenezcan.

Pacientes con pronóstico favorable: el tratamiento consiste en 3 ciclos de BEP o 4 de EP.

Pacientes con pronóstico intermedio o desfavorable: el tratamiento consiste en 4 ciclos de BEP. En algunos pacientes se ofrecen otras alternativas, como esquemas de quimioterapia distintos o quimioterapia con dosis altas, habitualmente mediante ensayos clínicos, con el objetivo de intentar mejorar los resultados del tratamiento

Fracasos del tratamiento o recaídas
En los pacientes en los que el tumor no responde al tratamiento o cuando a pesar de responder inicialmente, vuelve a aparecer, lo más frecuente es administrar otras quimioterapias distintas de la inicial. Las quimioterapias de rescate más utilizadas se conocen por sus siglas: VIP (vinblastina, ifosfamida y cisplatino) o TIP (paclitaxel, ifosfamida y cisplatino).

En los pacientes que responden adecuadamente al tratamiento, con frecuencia se valora la posibilidad de administrar tratamiento con dosis muy altas de quimioterapia, extrayendo previamente del paciente las células madre de la médula ósea (que son las que generan las demás células de la sangre) y administrándoselas después, para facilitar su recuperación.

En un pequeño número de pacientes, la enfermedad puede reaparecer de forma localizada en un punto bastante tiempo después del diagnóstico (habitualmente 2 o más años). En estos pacientes, el tratamiento suele consistir en extirpar la enfermedad mediante una intervención quirúrgica.
Si a pesar de todos estos tratamientos la enfermedad no queda curada y vuelve a aparecer, se suelen administrar otros tipos de quimioterapia, o volver a utilizar alguno de los fármacos empleados previamente.

Sin embargo en estas situaciones lo habitual es que estos tratamientos solo retrasen el curso de la enfermedad y es poco frecuente que se consiga la curación.

Toxicidad del tratamiento de quimioterapia:
Los tratamientos de quimioterapia de combinación empleados en el tratamiento del cáncer de testículo son muy eficaces, pero también son algo más tóxicos que otros tipos de quimioterapia, porque las dosis de los fármacos empleadas son relativamente altas.

Además de la toxicidad habitual de la quimioterapia (ver capítulo de Toxicidad de quimioterapia), conviene destacar los siguientes puntos:

Riesgo de infecciones: es bastante habitual que el número de neutrófilos, (los glóbulos blancos que nos protegen frente a las infecciones por bacterias) disminuya de manera relevante.
En esta situación es más frecuente que el paciente sufra infecciones y que dichas infecciones sean graves, por lo que en caso de presentar fiebre de más de 38ºC, el paciente debe acudir al servicio médico que le atienda de forma preferente.
Su médico puede decidir aplicarle un tratamiento para intentar prevenir que el número de glóbulos blancos descienda.

Esterilidad: muchos tratamientos de quimioterapia pueden provocar esterilidad, habitualmente reversible.
Con los tratamientos empleados en el cáncer de testículo, la esterilidad aparece con mucha frecuencia, lo cual es especialmente importante dada la juventud de muchos pacientes.
La esterilidad aparece en todos los pacientes, aunque en algunos casos puede ser reversible pasado un tiempo. Su médico le informará de las alternativas para prevenir la esterilidad.

Toxicidad pulmonar: la bleomicina empleada en el esquema BEP puede raramente dar fibrosis pulmonar, que consiste en la formación de cicatrices en el pulmón que pueden empeorar su funcionamiento.
Si lo considera necesario, su médico puede indicarle que se realice unas pruebas de función respiratoria, antes, durante o después del tratamiento

SEGUIMIENTO
Después del tratamiento del cáncer de testículo es muy importante realizar revisiones periódicas. Las revisiones son más intensas en los pacientes con estadio I en los que se no se administra tratamiento complementario después de la cirugía, porque su riesgo de recurrencia es mayor. 
En estos pacientes, es frecuente que se realicen controles cada 1 ó 2 meses durante el primer año.
En las revisiones, además de la recogida de síntomas y de la exploración física, suele realizarse una determinación de los marcadores tumorales de los tumores de testículo.

Además de forma periódica suele realizarse radiografía de tórax, TAC abdominal y una ecografía de testículo. Según la extensión de la enfermedad al diagnóstico y los síntomas que presente el paciente se pueden añadir otras pruebas distintas.
La frecuencia de las revisiones suele ser variable y su duración debe ser de por vida, ya que existe un pequeño riesgo de desarrollar tumores en el testículo sano


GLOSARIO DE TÉRMINOS

·        Alfa-fetoproteína: una proteína producida en el feto que se utiliza como marcador tumoral en algunas enfermedades. Su elevación puede indicar la presencia de un cáncer de testículo de tipo no seminoma, aunque también aumenta en pacientes con cáncer de hígado. 
·        BEP: un tratamiento de quimioterapia que contiene unos fármacos llamados bleomicina, etopósido y cisplatino. Se suelen administrar entre 2 y 4 ciclos, según la extensión de la enfermedad. El tratamiento se administra a lo largo de 5 días, más una dosis de bleomicina cada semana. Los ciclos se repiten cada 3 semanas. Es una quimioterapia relativamente fuerte, que se suele administrar estando el paciente ingresado. 
·        Beta-gonadotropina coriónica humana (ß-hCG): una hormona que se eleva durante el embarazo. En varones, se eleva únicamente cuando existe un cáncer de testículo, por lo que se emplea como marcador tumoral. 
·        Biopsia: muestra de tejido que se estudia mediante microscopio y otras técnicas especiales para diagnosticar una enfermedad. 
·        Carcinoma in situ: un tumor que no es invasivo y que por lo tanto no se ha extendido a otros órganos. 
·        Ciclo: cada tanda de quimioterapia. Su duración es variable, pero con mucha frecuencia duran 3 ó 4 semanas, pasadas las cuales el ciclo se repite hasta llegar al número previsto de ciclos (variable en distintas enfermedades, con frecuencia oscila entre 2 y 6 ciclos). 
·        Cordón espermático: estructura de la cual está suspendido el testículo y que contiene el conducto deferente (un pequeño tubo por donde salen los espermatozoides) y los vasos y nervios del testículo. 
·        Criptorquidia: falta de descenso del testículo en el momento del nacimiento. Durante el desarrollo del embrión, los testículos descienden desde el abdomen hasta el escroto. En algunos niños, este descenso no se produce u ocurre con retraso después del nacimiento. Es un factor de riesgo para tener un cáncer de testículo. 
·        Ecografía: prueba de imagen que consiste en utilizar ultrasonidos para valorar distintos órganos. 
·        Ensayos clínicos: estudios que se realizan en pacientes para desarrollar nuevos tratamientos con la intención de mejorar los resultados.

Los ensayos clínicos son diseñados por personas con mucha experiencia en el tratamiento de las enfermedades en las que se realizan los estudios. Son revisados por otros colegas y deben ser valorados y aprobados por Comités Éticos y por el Ministerio de Sanidad, para garantizar la seguridad del paciente.

La participación en un ensayo, siempre es voluntaria. Cada ensayo está diseñado para pacientes con unas características determinadas. Su médico le puede informar sobre la posibilidad de participar en un ensayo clínico, así como de sus posibles beneficios e inconvenientes. 
·        EP: una quimioterapia similar al BEP, pero sin bleomicina. Se suele emplear cuando hay alguna contraindicación para administrar bleomicina, habitualmente por alteraciones en la función del pulmón. 
·        Escroto: piel que recubre a los testículos. 
·        Gammagrafía ósea: prueba de imagen que consiste en inyectar una sustancia que permite valorar si existen metástasis en los huesos, observando como dicha sustancia se deposita en ellos. 
·        Ganglio linfático: nódulos de tejido linfático que se sitúan en el trayecto de los vasos linfáticos. Por los vasos y por los ganglios circula el líquido linfático que contiene leucocitos y linfocitos, células del sistema inmunológico. Cuando existen en el cuerpo células tumorales o infecciones, están son retenidas en los ganglios linfáticos, por lo que aumentan de tamaño. 
·        Lactatodeshidrogenasa (LDH): una enzima, es decir una proteína que facilita reacciones químicas en el organismo. Se utiliza como marcador tumoral en algunas enfermedades. Suele aumentar cuando existe destrucción de células y puede indicar muchos trastornos, además del cáncer de testículo. 
·        Marcador tumoral: una sustancia producida por un tumor que se utiliza para ayudar a realizar su diagnostico y para ver el efecto del tratamiento. En algunos tumores son muy útiles, mientras que en otros muchos no lo son, por lo que en estos casos no se utilizan. 
·        Mediastino: región del cuerpo que se sitúa entre ambos pulmones, en el tórax. 
·        Metástasis: extensiones de un tumor a un lugar del cuerpo diferente del sitio de origen (tumor primario). Su presencia indica que el tumor está en un estadio más avanzado. 
·        Orquiectomía: extirpación quirúrgica del testículo. Se realiza por la ingle (vía inguinal), porque si se realiza a través del escroto, existe riesgo de contaminación del tejido sano por células del tumor. 
·        PET: tomografía por emisión de positrones. Prueba de imagen que consiste en determinar la captación de glucosa por distintos órganos para valorarlos. Antes de realizar la prueba se administrar glucosa marcada de forma especial por vía intravenosa, para facilitar la visión de los diferentes órganos 
·        RNM: resonancia nuclear magnética. Prueba de imagen que consiste en utilizar las propiedades magnéticas de los distintos tejidos para valorarlos. Antes de realizar la prueba se suele administrar una sustancia llamada contraste por vía intravenosa, para facilitar la visión de los diferentes órganos. 
·        Retroperitoneo: la zona del cuerpo que está detrás de la cavidad abdominal. Contiene, entre otras estructuras, el páncreas, los riñones y grandes arterias y venas. 
·        TAC: tomografía axial computerizada. Prueba de imagen que consiste en utilizar radiación para obtener la imagen de distintos órganos y valorarlos. Antes de realizar la prueba se suele administrar una sustancia llamada contraste por vía oral y/ o intravenosa, para facilitar la visión de los diferentes órganos. 
·        TIP: un tratamiento de quimioterapia que contiene unos fármacos llamados paclitaxel, ifosfamida y cisplatino. Se suele administrar en pacientes en los que el tratamiento inicial no ha funcionado. 
·        Tratamiento adyuvante: el que se realiza después de una intervención quirúrgica para prevenir la reaparición de la enfermedad. Los pacientes en los que se realizan estos tratamientos no tienen enfermedad visible mediante pruebas diagnósticas, pero pueden tenerla a nivel microscópico. 
·        VIP: un tratamiento de quimioterapia que contiene unos fármacos llamados vinblastina, ifosfamida y cisplatino. Se suele administrar en pacientes en los que el tratamiento inicial no ha funcionado.


Nota del administrador: 9-05-2011

En un futuro espero que próximo,  la adicción de un tercer tratamiento basado en el bloqueo metabólico de las fuentes de energía de la célula, harán que el DNA dañado por la quimioterapia convencional no pueda ser reparado, por escasez de energía celular, haciendo que las células resistentes a la quimioterapia clásica o moderna (basada en anticuerpos) se vuelvan sensibles.
Los fármacos de re-sensibilización de un tumor a un tratamiento de quimioterapia al que previamente fue resistente deben bloquear las rutas bioquímicas clave de energía de la célula tumoral.

Primeras investigaciones precoces en ratones modificados genéticamente con el sistema inhume humano, al que se les implantó tumores resistentes a poliquimioterápia, tratados con fármacos de resensibilización, muestran dos cosas:
1º Los ratones control mueren al 100%, como era de esperar tras tratamiento solo con quimio.
2º. Ratones con quimio más fármaco de resensibilización llegan a la vejez (90%) o mueren prematuramente por el tratamiento combinado (10%).

Estos datos son fruto de mi tesis doctoral aún sin publicar. Demostrarán que si bien en algunos casos ha de estudiarse y corregirse la dosis para la combinación de fármacos en otros casos la dosis en ratones si es la adecuada les lleva a envejecer.

¿Y en humanos? No sabemos si el tumor desaparecería. Las biopsias a simple vista desaparecen en ratones, disminuyen considerablemente y tal vez no aparecen más metástasis, con lo que en el peor de los casos, los ratones envejecen con su tumor controlado. En humanos es imposible predecir que ocurriría. El paso a investigación en humanos depende del dinero, sin él no es posible.

Actualmente investigamos en diversas pautas de tratamiento en ratones. Que efecto produce en ellos limitar el tratamiento combinado solo a los primeros ciclos, manteniendo luego solo la quimioterapia previa o mantener solo el tratamiento de resensibilización que afecta también al metabolismo energético de por vida. 

Durante mis asistencias a reuniones sobre nuevos tratamientos en oncología, donde se mostraban avances en  nuevos tratamientos para todos los tumores, encontré que estos solo eran aplicados en los cánceres más comunes. Los hematólogos junto a los oncólogos, deberían probar nuevas combinaciones de tratamientos.

Hay un  triplete que será una combinación muy prometedora en principio para todos los tumores, si bien la biología molecular específica para cada subtipo puede modificar esta perspectiva y necesitaremos de los datos que nos aporte esta disciplina científica.
La combinación triple de tratamiento intenta que los efectos secundarios no sean acumulativos por lo que se estudia suministrar tratamientos con diferente modo de acción.
La combinación sería: (para más información solicitarla a searchcancer@gmail.com)



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